La Scaloneta se viene, y con ella, todos!!



La Scaloneta se viene, y con ella, todos!!


Una reflexión 


Hay algo que el Mundial hace y que pocas veces lo veo en otras situaciones: cambia el estado de ánimo. No lo mejora necesariamente, no resuelve nada de lo que está pendiente afuera. Pero lo interrumpe. Lo pausa. Y esa pausa, aunque dure solo lo que dura un evento así, tiene un valor que muchas veces subestimamos.


Pienso en esas discusiones que todos conocemos —las de pareja, las de familia, las que se arrastran sin que nadie sepa muy bien cómo terminarán— y en ese momento en que alguien dice, sin palabras, "paren". Un respiro. Un paréntesis. No porque el problema desaparezca, sino porque el estado en que uno está para enfrentarlo cambia. El Mundial hace algo parecido, pero a escala colectiva. Durante esa hora y media, o lo que dure el equipo, lo que estaba pesando se corre un poco al costado. El enojo, la preocupación, la fatiga de todos los días. Todo eso sigue ahí, pero ya no ocupa el centro.


No es escapismo. Es una pausa necesaria. El tipo de respiro que permite volver a las cosas con otro estado, con otra disponibilidad.


Y lo que ocupa el centro, en cambio, es otra cosa: el encuentro. La mesa puesta, el mate que circula, el grito compartido que borra por un momento cualquier distancia, el abrazo más allá del enojo. Pero el encuentro empieza antes del partido. Empieza en la calle, en el trabajo, en el kiosco, con las figuritas en la mano.

Hay algo que el álbum del Mundial desata y que no tiene edad. Un nene le muestra sus figuritas repetidas a un vecino que no conoce. Dos adultos en la oficina comparan lo que les falta para completar su propio álbum. Una abuela camina cuadras buscando la figurita de Messi para su nieto. Las figuritas son una excusa para hablar, para acercarse, para iniciar un intercambio que de otra manera quizás nunca hubiera ocurrido. No hace falta tener nada en común más que ese álbum abierto sobre la mesa. Y de pronto hay conversación, hay vínculo, hay algo compartido donde antes no había nada.


Las figuritas hacen lo mismo que el fútbol: crean un lenguaje común. Y ese lenguaje, por unos meses, lo habla casi todo el mundo.

Lo que este equipo nos regaló

Pero hay algo más, algo que me parece único de esta selección. Scaloni construyó un grupo donde cada uno sabe lo que tiene para dar, y lo da. Donde nadie aplasta al otro. Donde el más talentoso del mundo juega para el equipo, y el equipo juega para que él brille. Es un ejemplo de lo que en ecología emocional llamamos intersomos: esa capacidad de un grupo de ser más que la suma de sus partes, donde cada integrante se potencia en el vínculo con el otro y en donde el otro es tan necesario como yo.

Se ríen juntos. Se cuidan. Se respetan. Y eso, que parece simple, es en realidad lo más difícil de lograr en cualquier grupo humano.

Esa energía llega. Se siente del otro lado de la pantalla. Y creo que es parte de por qué nos enganchamos tanto, más allá del resultado. Porque nos muestra algo que en el fondo todos queremos: que un grupo pueda potenciar lo mejor de cada uno sin que nadie tenga que achicarse.

Una elección diaria

Vuelvo a la reflexión del principio y me gustaría completarla con la alegría que nos invade en este tiempo. No llega sola. No es algo que nos pasa, es algo que buscamos, que elegimos, que construimos con otros. Uno se predispone. Sale a buscar la figurita que le falta. Llama para ver el partido juntos. Se sienta en esa mesa aunque tenga mil cosas pendientes. Son gestos pequeños, decisiones que se toman casi sin pensarlas, pero que van sumando una forma de estar en el mundo.

La Scaloneta, en ese sentido, nos da algo más que noventa minutos de fútbol. Nos da una ocasión. Una razón concreta para elegir el encuentro sobre el encierro, la risa sobre el malhumor, el otro sobre uno mismo. Y eso, repetido, sostenido, compartido, es una manera de cuidarse. Una de las más simples y de las más poderosas.

Estar bien no es un estado que se alcanza y se mantiene solo. Es algo que se alimenta todos los días, con pequeñas elecciones. Y a veces, esa elección es tan sencilla como abrir la puerta, poner el partido, y dejar que la Scaloneta haga lo suyo.

Te invito a pensar: ¿Qué ocasiones generamos para el encuentro, la pausa y la alegría en nuestra vida diaria?....

Seguimos construyendo juntos..........

Clr. Alejandra Morales

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