¿Es lo mismo ser independiente que ser autónomo en la vida? Por Clr. Alejandra Morales

 

Una diferencia clave para nuestra vida diaria.

Hace unos días surgió en un grupo una pregunta interesante:

¿Es lo mismo ser autónomo que ser independiente?

¿Vos qué opinás?

En la vida diaria solemos usar ambas palabras como sinónimos. Sin embargo, no significan lo mismo,

y entender la diferencia puede cambiar la manera en que vivimos .

Cuando hablamos de ser una persona autónoma, nos referimos a la capacidad de actuar por uno mismo,

pero desde un lugar de libertad y elección. La autonomía implica mi iniciativa personal: no solo hago, sino que decido. Me pregunto el qué, el cuándo, el para qué… y puedo construir mis propias respuestas. Lo más importante es que decido activar mi voluntad e iniciativa.


Como plantea Immanuel Kant,

“La autonomía es la capacidad de darse a uno mismo sus propias leyes.”


Es decir, no se trata solo de actuar, sino de actuar con sentido propio. En la autonomía se fortalecen la voluntad, la autorregulación emocional y también la capacidad de reflexionar sobre nuestras acciones.

En cambio, ser independiente implica poder hacer cosas por uno mismo sin depender de los demás. Aquí el foco está más puesto en la acción: en el “cómo lo hago”. Una persona independiente puede resolver tareas sola, pero eso no necesariamente implica que haya elegido o que tenga en claro el porqué hacerlas.

Volviendo a la autonomía, podemos pensarla como:

La capacidad de tomar decisiones sobre la propia vida y actuar en consecuencia, de acuerdo con valores y preferencias personales.


En este proceso, los hábitos y las rutinas juegan un papel clave. Los hábitos son conductas que repetimos hasta que se vuelven casi automáticas y se ejecutan en el momento adecuado.

Por ejemplo, un niño que está aprendiendo a lavarse los dientes puede ser capaz de hacerlo (es decir, tiene la habilidad). Sin embargo, si no sabe cuándo o en qué momento corresponde hacerlo, todavía no es autónomo. La autonomía aparece cuando esa acción se integra en su rutina y él mismo puede decidir realizarla sin que se lo indiquen.


En palabras del psicólogo Albert Bandura:

“Las personas no solo reaccionan a su entorno, también lo crean a través de sus decisiones y acciones.”


Aquí se ve con claridad el corazón de la autonomía: la capacidad de ser protagonistas de nuestra propia conducta.


Por otro lado, la independencia —aunque valiosa— puede quedarse en un nivel más superficial si no va acompañada de esta dimensión interna. Cuando le indicamos a alguien exactamente cómo hacer algo, podemos estar fomentando la independencia, pero no necesariamente la autonomía.

Además, es importante no confundir independencia con autosuficiencia extrema. A veces escuchamos frases como “yo puedo solo” o “yo lo hago”, que pueden esconder una dificultad para pedir ayuda.

Y acá vale sumar otra idea importante. Como dice el psicólogo Lev Vygotsky:


“Lo que un niño puede hacer hoy con ayuda, mañana podrá hacerlo por sí mismo.”


Esto nos recuerda que la autonomía no se construye en soledad, sino en vínculo con otros.


Por eso, como adultos, el desafío no es simplemente “dejar hacer”, sino acompañar de manera equilibrada. En el caso de tener niños, es  ofrecerles  espacios donde los chicos puedan tomar su iniciativa y elegir, pero sabiendo que cuentan con nosotros cuando lo necesiten. En el caso de nosotros como adultos, es preguntarnos: ¿cuánto hemos desarrollado en nosotros nuestra propia autonomía? ¿Tomamos decisiones conscientes o actuamos en piloto automático?  Educar y educarnos en autonomía no es solo enseñar habilidades, sino también revisarnos . 


Porque, en definitiva, promover la autonomía- en nosotros y en otros -es controlar menos y confiar más, sin invalidar al otro ni apurar los procesos. 

Para terminar me gustaría quedarnos con algunas  preguntas que nos pueden ayudar a seguir pensando:


¿Cuán autónoma soy hoy  en mi vida? 

¿En qué áreas actúo más por elección y en  cuales por hábito o inercia?

¿Pido ayuda cuando lo necesito?

¿Que podría empezar a soltar hoy para vivir con mayor autonomía?

Te leo, Ale Morales


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