La Pareja termina, la comunicación no. Por Clr. Mercedes Azcárate

 La pareja termina, la comunicación no



   En el artículo anterior hablamos de la comunicación no violenta como una forma de transformar los conflictos cotidianos: aprender a observar sin juzgar, reconocer las emociones que aparecen y expresar lo que necesitamos sin atacar al otro.

En teoría, estos principios pueden parecer sencillos.

Sin embargo, su verdadero desafío aparece en aquellos vínculos donde las emociones son más intensas y la historia compartida pesa más.

Uno de esos espacios es la comunicación entre ex parejas cuando hay hijos en común.

Cuando una relación termina, muchas cosas cambian: la convivencia, los proyectos compartidos, la intimidad cotidiana. Pero si hay hijos, algo no se termina: la necesidad de comunicarse.

Y ahí aparece una dificultad que pocas veces se enseña a manejar: cómo hablar con alguien con quien ya no se quiere tener una relación de pareja, pero con quien se seguirá compartiendo una responsabilidad muy importante.

El pasado se cuela en la conversación

En la comunicación entre ex parejas, muchas discusiones no nacen tanto por el tema concreto —un horario, una actividad escolar, un gasto— sino por la carga emocional que sigue presente en cada intercambio.

Como señalamos en nuestro artículo anterior, Marshall Rosenberg, creador de la Comunicación No Violenta, señalaba que muchos conflictos humanos aparecen cuando confundimos lo que observamos con lo que interpretamos.

No es lo mismo decir:

“Hoy nuestro hijo llegó más tarde de lo acordado”

que decir:

“Siempre hacés lo que querés”.

En el primer caso hay un hecho.

En el segundo aparece un juicio.

Y los juicios suelen activar defensas más que diálogo.

Cuando esto ocurre, la conversación deja de girar alrededor del problema concreto y empieza a girar alrededor de la historia pasada de la pareja.

Una escena 

Imaginemos una situación muy común.

Un padre o una madre manda un mensaje:

“¿Podés traerlo a las seis como habíamos quedado?”

La respuesta llega un rato después:

“Estoy trabajando, no puedo”.

En ese momento pueden pasar muchas cosas dentro de quien recibe la respuesta.

Tal vez aparezca un pensamiento inmediato:

“Claro, otra vez lo mismo. Nunca se puede contar con él / con ella”.

Y entonces la conversación empieza a escalar.

Pero también existe otra posibilidad, más difícil pero más consciente: detenerse un momento y volver al hecho.

No sabemos todavía si hay desinterés, desorganización o simplemente un imprevisto.

Sabemos solo una cosa: hay un problema práctico que resolver.

La comunicación puede cambiar cuando logramos no reaccionar inmediatamente desde la interpretación.

De la ex pareja a la coparentalidad

Cuando hay hijos, la relación necesita transformarse.

El vínculo de pareja puede terminar, pero aparece otro vínculo que continúa: la coparentalidad.

Esto implica realizar un movimiento interno importante: pasar del lugar de ex pareja al lugar de padres que comparten un hijo.

No significa negar lo que ocurrió ni borrar las emociones, sino reconocer que, aunque la relación haya terminado, la responsabilidad compartida permanece.

El psicólogo John Gottman, conocido por sus investigaciones sobre las relaciones, describió cuatro formas de comunicación que deterioran rápidamente cualquier diálogo: la crítica, el desprecio, la actitud defensiva y el bloqueo.

Estas formas aparecen con facilidad entre ex parejas porque la historia común todavía pesa.

Pero cada vez que la conversación queda atrapada en ese terreno, los hijos quedan en medio de un conflicto que no les pertenece.

Tomemos una pausa antes de responder

Un pequeño gesto interno puede cambiar mucho una conversación.

Antes de responder un mensaje o iniciar un intercambio, puede ser útil detenerse un instante y preguntarse:

¿Estoy respondiendo desde el conflicto de la pareja que fuimos, o desde la responsabilidad de los padres que seguimos siendo?

Ese cambio de foco no elimina las diferencias ni resuelve todos los problemas.

Pero puede permitir que la conversación vuelva a un lugar más claro: resolver lo que hace falta para cuidar a los hijos.

Reflexionemos

Cuando aparece una tensión en la comunicación con la otra persona, tal vez pueda ser útil preguntarse:

¿Qué hecho concreto ocurrió, más allá de lo que estoy interpretando?

¿Qué emoción aparece en mí frente a esta situación?

¿Qué necesidad mía está siendo tocada en este momento?

¿Qué pedido claro podría expresar en lugar de un reproche?

¿Estoy priorizando el conflicto de la relación pasada o el bienestar de nuestros hijos?

Puede pasar que la comunicación no se vuelve más fácil. Pero puede volverse más consciente.

Y en los vínculos que continúan por la presencia de los hijos, esa conciencia puede marcar una diferencia muy importante.


🪷 Gracias.

Comentarios