Antes de hablar con el otro
En los textos anteriores hablé sobre la comunicación: sobre cómo decir lo que nos pasa sin atacar, y sobre lo difícil que eso puede volverse cuando el vínculo está cargado de historia, como ocurre entre ex parejas con hijos.
Pero hay algo que queda un poco más atrás, y sin embargo sostiene todo lo demás.
Antes de cómo hablo con el otro, está cómo me hablo a mí.
Y no siempre es un lugar claro.
Creemos que el problema es que no sabemos comunicarnos. Tambien que os falta encontrar las palabras adecuadas, el tono justo, el momento indicado.
Lo cierto es que, si somos honestos, el problema aparece antes. No es que no sabemos cómo decirlo. En realidad, puede ser que no sabemos bien qué nos está pasando.
Algo incomoda, pero no alcanza a tomar forma. Entonces reaccionamos. Respondemos un mensaje con enojo. Nos cerramos.
O decimos algo que no termina de representar lo que queríamos decir.
Después, más tarde, aparece otra claridad. Otras palabras.
Pero ya no es en el momento.
Hay una idea muy instalada de que deberíamos poder identificar lo que sentimos, entenderlo y expresarlo de manera clara.
Como si ese recorrido fuera lineal.
Pero en la experiencia concreta, muchas veces no es así.
Hay emociones que llegan mezcladas.
Reacciones que aparecen antes que el pensamiento.
Sensaciones que no sabemos nombrar.
Y en ese estado, pretender una comunicación “correcta” con el otro puede volverse una exigencia más.
Quizás por eso, antes de pensar en cómo decir algo, puede ser más honesto detenerse en otra pregunta:
¿qué está pasando en mí ahora, aunque no lo entienda del todo?
No para resolverlo de inmediato ni ordenarlo perfectamente. Solo registrarlo. A veces alcanza para hacer una pequeña diferencia.
Imaginemos una escena simple.
Llega un mensaje.
Algo en ese mensaje activa una molestia inmediata.
Las manos se tensan.
La respuesta aparece rápido, casi sola.
Y sin embargo, por un instante, algo se interrumpe.
No hay claridad todavía.
No hay una emoción definida ni una necesidad identificada.
Solo hay un registro:
“esto me afectó”.
Ese pequeño registro, aunque sea incompleto, ya es otra cosa. No evita siempre la reacción. Pero empieza a abrir un espacio.
rCcomunicarnos puede ser dificil. Tanto con el otro, como con nosotros mimismos.
Podemos hablar desde la confusión.O desde el enojo. Y eso también forma parte.
La diferencia no está en hacerlo perfecto, sino en lo que hacemos después.
Si podemos volver sobre lo que pasó. Reconocer algo de lo que sentimos.
Me pregunto si la comunicación no sea tabto algo que se logra, sino algo que se practica. Con claridad. o con torpeza. Depende de la practica. Lleva tiempo y paciencia.
Y en ese recorrido, lo que empieza a cambiar no es solo la forma en que hablamos con otros.
Empieza a cambiar, de a poco, la forma en que nos tratamos cuando algo nos pasa.
Ahí, silenciosamente, empieza todo.
¿Cómo es la comunicación que tenes con vos mismo? ¿Tenes la precaución de no lastimarte?
Hasta la próxima.

Comentarios
Publicar un comentario
Hola , en breve nos contactamos !!