Donde la naturaleza susurra lo sagrado. Por Clr. Alejandra Morales


"Donde la naturaleza susurra lo sagrado"

...Y las preguntas aparecen…

Relato Experiencial.


A veces, la vida nos invita a detenernos en los detalles más simples, esos que parecen insignificantes pero que guardan una profundidad inesperada. El último viernes, mientras tomaba un café con una amiga, un pajarito se acercó a mi mesa. Su presencia frágil y simpática me llevó a contemplarlo. En ese pequeño gesto de la naturaleza, en esa presencia viva y ligera, me surgió una pregunta que me acompañó todo el día: ¿cómo volaría yo por la vida sin una dimensión espiritual que me dé luz y sentido?

Respiré hondo y sentí un agradecimiento espontáneo hacia la Virgen María, por acompañarme siempre como una madre: con paciencia, ternura y ese amor firme que guía sin presionar. En mi caso, la vida espiritual se vuelve concreta, cercana y cotidiana a través de ella. Ella es mi manera de conectarme con lo sagrado, de recordar que no camino sola.

Esa pregunta volvió a resonar durante todo ese día mientras paseaba por la ciudad de Salta Capital junto a una amiga. En una casa de regalos, una señora me compartió su experiencia con la Virgen del Cerro y lo importante que era para ella mantener esa unión espiritual, esa presencia que la acompañaba incluso en los momentos más simples.

Más tarde, caminando por la plaza, vi a un grupo de jóvenes con identificaciones en sus remeras que decían Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús, también llamada "Virgen del Cerro".  Parecía que cada paso que daba me devolvía a la misma certeza: la espiritualidad está viva en las historias, en la gente, en los encuentros, en la apertura al otro....

Y aún quedaba un signo más por descubrir.

Esa noche, en el restaurante al que fuimos, me llamó la atención otra mesa: un grupo de señoras con la misma identificación, conversando animadamente, riendo, compartiendo vida. Allí entendí algo profundo: cuando uno contempla la naturaleza, los gestos cotidianos, los detalles de la vida puede descubrir una presencia que los sostiene. Una presencia que trasciende, que acompaña y que habla a través de pequeñas señales.

Fue entonces cuando comprendí que, como seres espirituales, parte de vivir plenamente es darnos el espacio para hacernos preguntas… y también para permitir que las respuestas lleguen cuando tengan que llegar.

La vida se ensancha cuando nos regalamos esa apertura interior. Una vida plena necesita momentos de silencio, de contemplación, de búsqueda. Porque en la naturaleza —en un pájaro que se acerca, en una caminata, en un gesto inesperado— se encuentra ese punto donde lo humano y lo divino se tocan.

Para mí, esa conexión toma forma en la devoción mariana. La Virgen María es mi ejemplo de madre, mi compañía espiritual, mi forma de encontrar a Dios en lo cotidiano.

Esta es mi elección y mi experiencia, un camino en el que la Virgen ilumina mis pasos y me enseña a mirar la vida con ternura y esperanza.

Y en ese encuentro con lo divino también me encuentro con lo humano que me nutre, me alegra y me invita a seguir creciendo en amor y en esperanza. 

Que la vida nos encuentre cada día un poco más disponibles para lo espiritual, para lo profundo, para aquello que solo se revela en la quietud del encuentro. 


Alejandra Morales

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