El duelo y el acompañamiento desde el Counseling . Por Clr. Angeles Espadero

                   

 El duelo y el acompañamiento 

desde el Counseling


El duelo es un territorio que todos, en algún momento de la vida, debemos atravesar. No es un estado fijo, sino un proceso dinámico, a veces silencioso, a veces intenso, que nos confronta con pérdidas visibles —como la muerte de un ser querido— y con otras más sutiles: una separación, la pérdida de un proyecto, de un rol, de la salud, de una etapa vital, de una identidad que dejamos atrás. Cada una de estas despedidas deja huellas, mueve emociones y exige una reorganización interna.

Muchas veces se espera que “ya estés bien” en un tiempo breve, que te repongas rápido o que escondas el dolor para no incomodar. Pero el duelo necesita ser reconocido y habitado: no se supera a fuerza de voluntad ni se mide en calendarios. Se camina paso a paso, respetando el ritmo singular de cada persona.

Las etapas que describió Elisabeth Kübler-Ross —negación, ira, negociación, tristeza y aceptación— no ocurren de manera lineal. Más bien son olas emocionales que pueden aparecer, retroceder y volver a surgir en distintos momentos. Comprender esto alivia la exigencia de “ir siempre hacia adelante” y permite validar que los avances y retrocesos forman parte natural del proceso.

Desde el Counseling, con Enfoque Centrado en la Persona, proponemos un espacio seguro para ponerle palabras a lo que duele, a lo que confunde y a lo que a veces no encuentra voz. Carl Rogers nos inspira a acompañar desde la empatía genuina, la aceptación positiva incondicional y la congruencia: condiciones que facilitan que quien atraviesa el duelo pueda desplegar sus propios recursos internos para afrontarlo.

Acompañar un duelo no es dar consejos ni indicar qué sentir. Es estar presente sin invadir, sostener el silencio cuando no hay palabras, y ofrecer escucha respetuosa cuando aparece la necesidad de hablar. Es un acompañamiento que confía en la tendencia actualizante de cada persona: la capacidad natural de buscar su equilibrio emocional y reconstruir sent
ido incluso después de la pérdida.


En mi experiencia, cada proceso de duelo revela un mapa emocional único, donde pueden convivir tristeza y alivio, enojo y gratitud, vacío y esperanza. Reconocer estas emociones, sin juzgarlas, es un primer gesto de cuidado hacia uno mismo. Comprender que no hay emociones equivocadas alivia la carga de “tener que sentir de otra manera” y permite abrir un espacio para el aprendizaje que el duelo trae consigo.

Algo que he visto una y otra vez en quienes acompaño —y que también viví en lo personal— es que el amor no desaparece con la ausencia física. El amor cambia de forma: deja de expresarse en los gestos cotidianos, pero sigue habitando la memoria, los vínculos, las elecciones futuras y hasta la forma en que miramos la vida. Ese amor, que parecía interrumpido por la pérdida, se transforma en recuerdo vivo, en legado, en inspiración. Es un puente invisible que nos conecta con lo que ya no está presente de manera material, pero que permanece como una presencia amorosa en nuestro interior.

En este camino, muchas personas encuentran alivio y sentido a través de pequeños rituales: encender una vela, escribir una carta que nunca se enviará, armar un álbum de fotos, sembrar un árbol o preparar un plato que solían compartir. Estos gestos simples no “cierran” el duelo, pero ayudan a darle un lugar a la memoria, a honrar el vínculo y a simbolizar la continuidad del amor en nuevas formas.

El counseling en duelo no elimina el dolor —nadie puede hacerlo— pero ofrece acompañamiento en los momentos de mayor vulnerabilidad, ayudando a clarificar necesidades, a reconocer límites y a construir pequeños pasos de resiliencia. A veces, el primer paso consiste simplemente en dar permiso para llorar, para pedir ayuda, para dejar de sostener todo a solas.

En la medida en que transitamos este proceso, descubrimos que cada despedida, aunque dolorosa, abre la posibilidad de un reencuentro con nosotros mismos. Algo termina, pero también algo se transforma: una nueva mirada, una fortaleza impensada, una capacidad renovada de vincularnos con la vida y con los demás.

Acompañar el duelo, entonces, es un acto profundamente humano: es estar con el otro mientras reconstruye su mundo interior. Y es, al mismo tiempo, un recordatorio de que todos —en algún momento— podemos necesitar ser escuchados, sostenidos, vistos en nuestra fragilidad.

Mi propósito como counselor es ofrecer ese espacio de escucha cálida y profesional, donde cada persona pueda reconocerse y reconocer el valor de cada paso que da en su propio camino. Porque el duelo no es olvido ni resignación: es transformación; es honrar lo que se pierde y también lo que permanece vivo en nosotros, incluido el amor, que nunca se pierde: simplemente encuentra nuevas formas de quedarse.

¿Como es transitar un duelo para vos? ¿ Qué registros tenes? 

Te leemos.....

Clr. Angeles Espadero


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