Estar solo vs sentirse solo. Por Clr. Alejandra Morales.



Estar solo vs sentirse solo: una mirada desde la ecología emocional


¿Será que estar solo y sentirse solo sea un  versus o es una elección en libertad según el momento en el que cada uno está?

La palabra soledad suele despertar  emociones como el miedo o la tristeza. La solemos asociar con vacío, abandono o desesperanza. Nos enseñaron a verla como una amenaza, como algo de lo que conviene no compartir ni hablar. Sin embargo, la soledad no es un castigo: puede ser un espacio fértil, un umbral hacia nosotros mismos, hacia los otros y hacia Dios.  Hay momentos en los que el silencio nos envuelve y estamos solos. Y otros, en los que aunque estemos rodeados de personas, nos descubrimos sintiéndonos solos. Dos experiencias distintas que solemos confundir y temer. Una nos abre la puerta al encuentro con nosotros mismos; la otra, nos recuerda cuánto necesitamos del encuentro con los demás.


El regalo de estar solo


Estar solo
no siempre es ausencia: a veces es presencia plena. Cuando elegimos la soledad, el ruido se calma y el mundo interno encuentra espacio para respirar y expresarse. Allí nacen la creatividad, la claridad y la posibilidad de escucharnos sin distracciones en un dialogo interno que también solemos temer si no  estamos entrenados a hacerlo con auto empatía. Es un momento en el que la voz interior aflora y se traduce en un escrito, una pieza de cerámica, un pensamiento, una canción.....

La soledad elegida puede convertirse en un refugio, en un disfrute, en un acto de amor propio. No se trata de huir del mundo, sino de regresar a nosotros para volver al mundo con más entereza. Es un espacio de auto cuidado y de dialogo interno poderosísimo si sabemos convivir con ella.  Elegir la soledad con conciencia hace que deje de ser un fantasma temido y que podamos convivir con ella de manera amorosa. La preparacion de una rica comida  se convierte en el plan de un viernes o sábado a la noche. La salida al cine o a tomar un café en un café especialidad suele ser un plan esperado luego de una semana de mucho  ruido o stress.... 


El peso de sentirse sólo


Sentirse sólo, en cambio, suele doler.  Es el vacío que aparece cuando no hay un otro con quien compartir lo que somos, cuando nos falta la mirada que nos reconoce, la palabra que nos abraza o el gesto que nos conmueve. Y es que, aunque podamos sostenernos en nuestra propia compañía, somos seres vinculares: necesitamos el lazo con los demás para crecer, para afirmarnos, para sentir que pertenecemos, para compartir la vida. Es la soledad emocional la que creo que más duele. Ya no depende de cuántas personas estén cerca, sino de la calidad de vínculos que hayamos tejido o estemos tejiendo en nuestras vidas. Es el vacío que sentimos cuando la conexión es superficial, ambigua.... El otro no está aunque esté cerca.  Es, quizás, la forma de vinculo más dura de sostener y a la que estamos cada día más acostumbrados. 


Lo vincular como necesidad


Somos red, somos encuentro. Ningún ser humano florece en aislamiento. Los vínculos auténticos —aquellos en los que hay escucha, reciprocidad y ternura— son alimento tan vital como el aire o el agua. Nos humanizamos en la mirada del otro, en la palabra compartida, en la mano que nos acompaña. Podría citar muchos experimentos en donde se han dejado solos a personas y no han sobrevivido porque hasta Chuck en la película ¨Naufrago¨ necesitó de Wilson, la pelota de voleibol para proyectar un amigo invisible y relacionarse con "alguien".


Intersomos: nunca estamos solos del todo


La ecología emocional nos recuerda que no somos islas, sino parte de un entramado más grande que llamamos  intersomos : estamos tejidos unos con otros, con la naturaleza y con la vida misma. Respiramos gracias a los árboles, nos alimentamos de la tierra, somos parte de un todo que nos sostiene.

Cuando sentimos soledad, puede ayudarnos recordar esta verdad: incluso en silencio, incluso sin compañía, seguimos perteneciendo. Nunca estamos realmente aislados. 

Thich Nhat Hanh decía que para ser, debemos inter-ser. Tu no puedes ser solo. Necesitamos inter-ser con todo lo que nos rodea. Entonces el caminar por la playa, por el rio, se convierte en un estar con la naturaleza que nos habla, que nos comparte la paz, la inmensidad del ser .....Intersomos es el recordatorio de que nunca estamos solos porque pertenecemos a un cosmos que nos abriga. 


El equilibrio que necesitamos 🌱


No hay un versus sino elecciones en como estamos y queremos estar. Y por sobre  todo aprendizaje. Nuestra plenitud, creo, surge del equilibrio entre soledad y vínculos. Necesitamos ambos: la intimidad con nosotros mismos y la intimidad con los demás. La soledad nos da raíces; los vínculos, alas.

Habitar la soledad sin miedo y entregarnos al vínculo sin máscaras es el camino hacia una vida más auténtica, más plena. 

Por lo tanto estar solo no es lo mismo que sentirse solo. La primera puede ser un regalo; la segunda, una herida. Ambas experiencias nos enseñan algo: que necesitamos tanto del silencio que nos vuelve hacia adentro, como de los vínculos que nos recuerdan que formamos parte de un todo más grande.


Quizás el secreto sea este: aprender a habitar nuestra propia compañía con ternura, para después encontrarnos con los otros desde un lugar más verdadero. Así, soledad y vínculo dejan de ser opuestos, y se convierten en aliados en nuestro camino de ser y de interser. Será entonces, como dice Thich Nhat Hanh, la soledad será vivir en plenitud en el presente. Y en donde tendremos espacios para crecer en soledad y en compañía. 

Y me pregunto:

¿Qué significado tiene para vos la palabra soledad? Y ¿estar solo y sentirte solo?

¿Qué pasaría si hoy te regalas un momento de soledad consciente? ¿Cual sería y cómo sería?

Te adjunto una guía para compartir juntos



Alejandra Morales 🌱

Referencias 

Thich Nhat Hanh. ( 1991) La Paz está en cada paso. Editoral Kairós.  

Conanglia, M., Soler,J. ( 2002). Ecologia Emocional : el arte de transformar positivamente las emociones. Editorial Amat. 

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