Conciencia Sonora.Parte II. Por Marina San Martín.


Conciencia Sonora es acción integrada

Después de habernos detenido en la Parte I a escuchar la música que nos habita, a reconocer los matices de nuestra melodía interior y los tonos que acompañan nuestros pensamientos y emociones, es momento de dar un paso más: llevar esa escucha hacia la acción. En esta segunda parte, Marina nos invita a explorar cómo la conciencia sonora no solo nos revela quiénes somos, sino que también nos invita a transformarnos, a relacionarnos de manera más consciente y a abrirnos a los encuentros con nosotros mismos, con los demás y con el entorno que nos rodea.

Escuchar(nos) es una acción que integra distintos procesos. Nos invita a generar un movimiento, un cambio no sólo en la forma y cualidad, sino también en el modo de ser, en la posibilidad que se abre frente a lo que emerge.

En un proceso de transformación muchas veces se requiere de una acción concreta. Aquella que nos permita trascender la forma habitual de hacer, para acceder a otra que nos permita Ser. Esa que se vuelve distinta, viva y en movimiento.

Cada proceso es único.
Generar un espacio donde las personas puedan sintonizar con su propio ritmo y descubrir la música que suena dentro, es uno de los propósitos que me impulsa a expandir Conciencia Sonora.


¿Cómo suenan tus pensamientos?

“Los pensamientos no constituyen la verdad, y en última instancia ni siquiera son tuyos.
Solo son voces, sonidos, sugerencias, opiniones de la mente, viniendo y yendo todo el tiempo, como una bandada de pájaros que cantan; cada pájaro cantando una melodía diferente, una sugerencia, una perspectiva distinta.
Tú no eres los pájaros,
Tú eres el gran espacio abierto en donde esos pájaros pueden cantar,
La consciencia que sostiene esos pájaros,
El silencio por debajo y entre medio.”
— Jeff Foster

Cada palabra o frase interna tiene una melodía propia.
Observar el tono con el que nos hablamos puede abrirnos a transformaciones profundas. No es lo mismo un pensamiento que nos alienta que uno que nos critica: el tono cambia nuestra emoción y nuestra energía.
Cuando acontece una discusión o conflicto entre personas, es común escuchar:

“No es lo que me dijo, sino la manera que usó al decirlo.”
Y eso nos habla de un tono en particular que generó un efecto dentro.

Te invito a realizar un ejercicio simple para armonizar las melodías de los pensamientos

Cerrá los ojos unos segundos y llevá tu atención a tu mundo interno.
Elegí un pensamiento recurrente y escuchá cómo suena la voz que lo expresa.
Preguntate: ¿Qué emociones me despierta este pensamiento?
Si es positivo, subí su volumen, respirá profundo y expandí esa sensación en todo tu cuerpo.
Si es negativo: imaginá que ese pensamiento cambia de tono. El contenido es el mismo, solo que ahora se expresa con la melodía de una canción de cuna, o una música que te resulte alegre, o incluso una voz divertida (puede ser la de un dibujo animado que te haga reír).
Volvé a escucharlo con esta nueva melodía.

Registrá: ¿Qué cambia en vos?

Elegir las melodías que acompañan tus pensamientos es una posibilidad de transformar un estado de ánimo hacia estados internos más amables y creativos.

¿Qué melodías vas a elegir hoy para transformar la cualidad sonora de tus pensamientos?

El origen de encontrarNOS

¿Cómo es la posibilidad de encontrarnos en los tiempos que corren?

Sí, muchas veces corren detrás del hacer, las prisas sin pausas, las tendencias, las redes, los “me gusta” y emojis.

Tiempos de la inmediatez en los cuales permanecer “enchufados a las pantallas” es una propuesta a desconectarNOS de nosotros, o de quienes tenemos alrededor o del entorno donde estamos inmersos en lo cotidiano.

Existe algo fundamental que noto en los encuentros: lo que se nos presenta en nuestro camino nos trae un mensaje, noticias, invitaciones, posibilidades. Sin embargo, cuando se presenta la resistencia y el deseo de evitar determinadas situaciones, aquello que queremos dejar afuera permanece, regresa de distintos modos. Es que forma parte de nuestro universo interno. Cuando generamos un espacio de apertura es posible integrar, recibir las experiencias, en aceptación. Aceptar no quiere decir “estar de acuerdo”, sino reconocer que eso existe.

La metáfora del puente

Me gusta usar esta imagen para nombrar que muchas veces,
“Lo que te separa de vos, de un lugar, hábito o persona es lo mismo que te une.”

Si el encuentro es un puente, puedo decir que a veces opera como un factor que distancia una punta de la otra o, por el contrario, es aquello que une dos lugares distintos. Transitar el encuentro como un puente: a veces distancia, a veces une, y muchas veces nos permite ir más allá de lo que nos une y separa.

Voy a profundizar este tema compartiendo 3 dimensiones que surgieron en el desarrollo del mismo….

Primera dimensión:

El encuentro con vos, con tus creencias, sensaciones, deseos, espacios, intereses, necesidades. Este camino hacia adentro me invita a reconocerme, tomar conciencia de cómo es en mí este movimiento. Desde este lugar emergen posibilidades en las cuales profundizar, por ejemplo:

¿Conocés cuáles son las melodías que se encuentran con vos? ¿Cómo te sentís cuando te encontrás?
Habitar estas preguntas es abrir un espacio de exploración:

¿Qué climas necesitás para encontrarte con vos?

¿Qué obstáculos aparecen?

Segunda dimensión: El encuentro con otras personas

Construimos distintos tipos de vínculos. Indagar en nuestros modos de participación en la forma de relacionarnos, registrar en el sentir donde percibimos cuidado, descubrimiento, apertura, tensión, sintonía, me invita a la pregunta:

¿La manera en que te encontras con vos tiene un punto en común con la manera en que te encontras con otros?

¿Cuáles son las señales conocidas, que se presentan en las modalidades de interacción con los demás?

En el contacto con el movimiento que surge de los interrogantes, registro nuestra actitud cada vez que vamos al encuentro con distintas personas, reconociendo cuál es nuestra parte en la interacción. Descubrir ese lugar puede ser un punto de partida. También pueden aparecer frente a determinadas situaciones la incomodidad o el desacuerdo ¿Somos conscientes del espacio que existe dentro para recibir lo diferente? ¿Cuál es el límite?

Asumir la responsabilidad que implica elegir la posibilidad del encuentro en lo que nos une y nos separa abre el ámbito en el cual desplegar las formas. Y quiero hacer hincapié en la forma porque no son sólo los elementos los que nos permiten encontrarnos sino la manera de relacionarnos con los elementos lo que hace posible, o no, ser el hallazgo que nos descubre.

Lo que nos permitimos sentir, es muchas veces la sustancia que se despliega a través de encontrarnos.

Para profundizar en esta dimensión te invito a reflexionar:

¿Qué formas de encuentro te generan apertura y cuáles te incomodan?

¿Qué necesitás para sentirte disponible al encuentro?

¿Qué te impulsa al encuentro con otros: el deseo de crear, compartir, aprender, acompañar…?

Tercera dimensión: El encuentro con el entorno

El entorno también nos encuentra. El lugar, los sonidos, las condiciones, los mecanismos disponibles o limitantes influyen. No siempre elegimos esos contextos, sin embargo podemos registrar cómo nos afectan y qué herramientas necesitamos para habitarlos.

¿Cuál es el ecosistema que sostiene nuestros encuentros? ¿Qué relación registramos entre el ambiente y las emociones que se despiertan internamente y en el otro?

Tomamos dimensión en el registro, la apertura a comprendernos. En la aceptación y acción de realizar acuerdos, cada vez que creamos un contexto en común y facilitador para el ambiente que se pone en interacción.

Y desde este espacio abro las siguientes preguntas:

¿Qué lugares nos permitimos transformar?

¿En qué contextos nos sentimos seguros? ¿Cuáles nos resultan un desafío?

¿Cuáles elegimos modificar, nutrir o soltar?

Prestar atención, darnos cuenta, explorar conscientemente la afectación que nos producen los entornos y el impacto de sabernos parte del contexto que habitamos, tal vez sean invitaciones a asumir un rol activo en los ambientes donde decidimos involucrarnos. De la misma manera elegir las acciones que deseamos llevar adelante, puede ser una invitación a sembrar semillas de participación y colaboración conjunta.

Entonces, ¿Cuál es el origen de encontrarnos?

En cada persona habita una respuesta posible, en mi el origen de encontrarnos se siente en el hallazgo de relacionarnos, integrarnos y descubrirnos.
Des(cubrirnos), dejar de cubrirnos y darle voz a las melodías que llevamos dentro, en la esencia del alma.

Permitirnos ser, asumiendo la responsabilidad de registrar nuestros procesos y creaciones, permitiendo ser a las otras personas en el desarrollo de su autonomía. Que logremos Interser en la conciencia de elegir y reconectar con la esencia que nos reUNE.


Marina San Martín



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