Hoy Susana Bruzza.

¿Qué es el counseling para mí ?

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¿Cómo ha sido mi experiencia hasta hoy?

El counseling es una invitación a escuchar sin querer corregir, a estar sin querer salvar, a confiar en la sabiduría interna de cada persona. Y eso, aunque parezca simple, no es fácil.

Llegué al counseling en la segunda mitad de mi vida, después de otros recorridos, otras búsquedas, otros modos de acompañar y ser acompañada. Algunos más formales, otros más intuitivos, todos con la intención de conocerme mejor.

Las prácticas profesionalizantes supervisadas han sido, para mí, uno de los espacios más ricos de la formación. Porque se trata de habitar el rol, de asumir la presencia del otro con todo lo que trae y con todo lo que me moviliza. La supervisión me ayudó a encontrar, de a poco, mi propia manera de ser counselor, es una experiencia que trasciende la práctica en sí, revelando sentidos que en su momento quizás no alcanzaba a ver. El counseling me dio un marco para ese acto delicado de acompañar con presencia, cuidado y humildad.

Acompañar en un proceso real como profesional, sostenido en el tiempo, me enfrentó a otra dimensión de la profesión. Ya no se trata solo de aplicar lo aprendido, sino de estar verdaderamente disponible para lo que surja: silencios incómodos, contradicciones, momentos de profunda vulnerabilidad y también de lucidez. En ese vínculo profesional también puedo observar mis propios movimientos internos: la tensión entre intervenir y respetar el ritmo del otro, entre hacer preguntas y simplemente estar. Es en ese ir y venir donde empiezo a entender, de manera encarnada, qué significa acompañar sin dirigir. Lo importante es estar disponible. Presente. Conectada conmigo misma y con mi consultante.

El counseling me permitió integrar mis saberes anteriores, y es la base para los que vendrán. Desde este lugar, continuar ofreciéndome al encuentro con otros. Agradecida del camino recorrido y por lo que aún queda por recorrer.


🌱SUSANA G. BRUZZA

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