¿Que es el Counseling para mí?Para mí, el counseling es ese llamado profundo que sentimos los seres humanos a acompañarnos en momentos de sufrimiento. Es ese impulso de querer estar para el otro cuando necesita alguien que lo escuche, lo comprenda y lo acepte tal como es —o tal como está siendo— en ese momento.
El counseling, desde mi mirada, es una profesión de servicio, de entrega. Una práctica que despliega el arte de ayudar. Y cuando hablo de ayudar, no me refiero a “dar consejos”, “ser caritativos” o “convertirnos en el sostén del otro”. Me refiero a acompañar desde la confianza en que cada persona es su propio maestro. Cada quien tiene en sí mismo la fuerza, la potencia, que le permite encontrar su camino y transitar lo que está viviendo de la mejor manera, en la medida en que pueda aceptarse y conectar con lo que ES.
Desde mi experiencia personal, lo que me trajo a esta profesión fue una pregunta existencial:
¿Qué valor quiero ofrecer en esta vida? ¿Cómo quiero usar mi tiempo?
Durante mucho tiempo me cuestioné qué significa “trabajar”, y cuál es el verdadero valor de lo que hacemos cada día. Esas preguntas —y un largo camino de búsqueda interna— me llevaron al counseling, y especialmente al enfoque centrado en la persona, que es el marco desde el cual ejerzo.
Desde esta mirada, descubro que en cada encuentro con un otro se fortalece en mí la empatía, la aceptación, la presencia. Es como un gimnasio interno, donde puedo elegir conscientemente qué “músculo” quiero ejercitar, es un proceso de constante Aprendizaje.
El counseling es, también, un modo de adentrarse en las relaciones humanas. Una invitación a encontrarse con la sabiduría única de cada Ser.
Recuerdo una frase de Rainer Maria Rilke que me acompaña hace un tiempo:
"A veces no se trata de encontrar respuestas, sino de sentarse en silencio con las preguntas."
Eso es el counseling para mí:
Estar ahí. Quedarnos en la incertidumbre. Acompañar a un otro a estar consigo mismo en sus preguntas… sin apuro por responderlas.
Acompañarnos mutuamente en este proceso constante de transformación. Un proceso hecho de preguntas sin respuestas fijas. Porque solo cuando nos sentimos en confianza podemos “ablandarnos”, quedarnos en nuestra vulnerabilidad y permitirnos Ser, acompañados en ella. Y allí, en ese espacio, podemos incluso surfear emociones que normalmente nos incomodan, porque en el encuentro —en el estar siendo— ya no luchamos contra ellas: nos dejamos mecer. Y así, poco a poco, vamos aceptando lo que somos. Una y otra vez. Como en cada instante: algo nuevo por descubrir. Siendo procesos en constante cambio, en constante movimiento. Siendo preguntas sin respuestas.
Clr.Amneris
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