No siempre hacer es avanzar
El valor de habitar el proceso
Muchos
compartieron esa sensación de estar corriendo detrás de un resultado, como si
detenerse fuera sinónimo de fracasar. La necesidad de demostrar que algo
hicimos, que algo logramos, que no estuvimos quietos, como si
el valor de una experiencia solo pudiera medirse en resultados visibles o cuantificables.
Y lo
entiendo. Crecimos en una sociedad que valora el hacer por encima del ser. Que
premia al que llega, al que muestra, al que exhibe logros. Una cultura del
resultadismo que deja poco espacio para lo incierto, para lo que tarda, para lo
que no se puede explicar en una frase de impacto.
A veces,
no hacer también es hacer. No avanzar a toda velocidad es lo que nos permite
realmente escuchar lo que necesitamos. Lo más transformador ocurre mientras parece
que no pasa nada.
No todo
tiene que tener forma de objetivo cumplido para tener sentido. Ni tiene que
mostrarse para existir; a esto último nos tienen muy acostumbrados las redes
sociales, de las que cada vez más pienso que de sociales no tienen nada –aunque
no quiero entrar en hipocresías porque también las uso.
¿Te
sentís identificado/a con esta sensación?
Te leo en los comentarios.
Te propongo un breve ejercicio de escritura:
Tomate unos minutos y escribí, sin juzgarte ni editarte:
- ¿Qué idea de “productividad” te pesa?
- ¿Qué estarías haciendo distinto si no sintieras que tenés que rendir todo el tiempo?
- ¿Podés recordar un momento donde, sin hacer nada concreto, algo en vos empezó a acomodarse?
No se
trata de responder bien. Se trata de escucharte.
Y de dejar que algo empiece a decirse, aunque no tenga forma… todavía.
Clr
Mercedes Azcárate



Comentarios
Publicar un comentario
Hola , en breve nos contactamos !!