No siempre hacer es avanzar: el valor de habitar el proceso. Clr. Mercedes Azcárate

 

No siempre hacer es avanzar 

El valor de habitar el proceso


En el último encuentro del taller de Desarrollo Personal a través de la escritura surgió un tema que se repite, en distintos tonos y formas, pero con el mismo trasfondo: la presión por ser productivos.

Muchos compartieron esa sensación de estar corriendo detrás de un resultado, como si detenerse fuera sinónimo de fracasar. La necesidad de demostrar que algo hicimos, que algo logramos, que no estuvimos quietos, como si el valor de una experiencia solo pudiera medirse en resultados visibles o cuantificables.

Y lo entiendo. Crecimos en una sociedad que valora el hacer por encima del ser. Que premia al que llega, al que muestra, al que exhibe logros. Una cultura del resultadismo que deja poco espacio para lo incierto, para lo que tarda, para lo que no se puede explicar en una frase de impacto.




Pero… ¿Qué pasa con todo lo que ocurre en el medio?
¿Qué pasa con ese espacio silencioso —a veces incómodo, a veces fértil— donde estamos siendo, aunque no estemos “produciendo”?

A veces, no hacer también es hacer. No avanzar a toda velocidad es lo que nos permite realmente escuchar lo que necesitamos. Lo más transformador ocurre mientras parece que no pasa nada.

En la filosofía taoísta hay un concepto muy antiguo que resuena con esta idea: el wu wei, o “hacer sin hacer”.
No se trata de pasividad, sino de actuar en sintonía con el ritmo natural de las cosas, sin forzar, resistirse o sobreesforzarse.
Acompañar un proceso, sostener una búsqueda interna, cuidar un vínculo o simplemente detenerse a descansar también pueden ser formas de actuar, aunque desde afuera parezca que “no estamos haciendo nada”. En los procesos de acompañamiento, en la escritura personal, en los vínculos, incluso en el descanso... hay momentos donde detenerse es esencial para que resurja el movimiento. 

No todo tiene que tener forma de objetivo cumplido para tener sentido. Ni tiene que mostrarse para existir; a esto último nos tienen muy acostumbrados las redes sociales, de las que cada vez más pienso que de sociales no tienen nada –aunque no quiero entrar en hipocresías porque también las uso.

Lo que quiero decir es que quizás se trate de aprender a habitar los procesos, incluso cuando el resultado aún no se ve. Tal vez, lo que más estamos necesitando no es correr más rápido, sino preguntarnos:
¿Qué estoy dejando de lado por querer llegar? 

¿Te sentís identificado/a con esta sensación?
Te leo en los comentarios.

Te propongo un breve ejercicio de escritura:

Tomate unos minutos y escribí, sin juzgarte ni editarte:

  •  ¿Qué idea de “productividad” te pesa?
  • ¿Qué estarías haciendo distinto si no sintieras que tenés que rendir todo el tiempo?
  • ¿Podés recordar un momento donde, sin hacer nada concreto, algo en vos empezó a acomodarse?

No se trata de responder bien. Se trata de escucharte.
Y de dejar que algo empiece a decirse, aunque no tenga forma… todavía.


Clr Mercedes Azcárate


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