Biodanza: la danza de la vida. Parte 3. Por Clr. Thais Parra

 BIODANZA

"La danza de la vida"
Parte 3

Tras conocer el corazón del sistema Biodanza, este último episodio nos lleva a sus raíces: la vida y obra de su creador, Rolando Toro Araneda. Luego, nos abrimos al testimonio sensible de quien escribió este artículo, que nos invita a conectar desde el cuerpo, el amor y la vivencia. Una experiencia personal que muestra que sí es posible recuperar la salud, la identidad y el sentido a través del movimiento pleno de sentido.

SOBRE SU CREADOR



Biodanza como la conocemos hoy fue creada por el maestro de aula, psicólogo, antropólogo, poeta e investigador, y amante de las ciencias humanas, el chileno Rolando Toro Araneda (1924-2010), quien exploró el impacto de la danza en la salud mental y emocional, así como en el desarrollo del potencial humano.

Biodanza nace en los albores de los años 60, en medio del auge de la psicología humanística, de la gesta de los movimientos sociales que promovían “hacer el amor y no la guerra”, como el movimiento hippie en los Estados Unidos, la revolución musical con los Beatles en Inglaterra y la introducción de la meditación y las sabidurías orientales en Occidente.

La psicología humanística impulsada por figuras como Abraham Maslow, Carl Rogers y Rolando Toro Araneda, buscaba una visión más integral y positiva del ser humano, en lugar de enfocarse solo en los aspectos patológicos o en la conducta observable. La psicología humanística y sus precursores ponen el acento en la experiencia subjetiva, en la libertad, la autorrealización y el potencial humano.

Rolando Toro Araneda impulsa estas ideas como psicólogo desde el Instituto de Antropología Médica de la Universidad de Chile, promoviendo la humanización de la medicina. Posteriormente en el Hospital Psiquiátrico de Santiago, usa la música con los pacientes psicóticos, como un elemento armonizador en los espacios de convivencia cotidianos con dichos pacientes, quienes al cabo de un tiempo comenzaron a mostrar cambios en sus comportamientos: los que estaban en vigilia permanente empezaron a calmarse y dormir, mientras que los que se mantenían dormitados y ausentes empezaron a manifestar atención, presencia y noción de la realidad.

Desde estas experiencias Rolando Toro inicia un registro sistemático y documentado sobre los efectos de la música en estos pacientes, es decir, registra lo que va observando en cada vivencia sin interpretaciones previas ni juicios.

Es así como comienza a estructurar una propuesta basado en la música y el movimiento humano pleno de sentido, que permita expresar al participante todos sus potenciales.

En sus inicios a esta propuesta la llamo Psicodanza, y la enseñó por muchos años en la catedra de Psicología del Arte y de la Expresión en el Instituto de Estética de la Pontificia Universidad Católica de Chile en los años siguientes 1968-1973.

En estos años Rolando Toro, acompañado por un equipo de amigos e investigadores y facilitadores de esta propuesta, lograron desde el enfoque fenomenológico, registrar, sistematizar, documentar y describir los aspectos constitutivos de un modelo teórico que desarrolla una metodología que valorara la vivencia como núcleo transformador, creándose así el Sistema Biodanza. Un modelo teórico que se concibe dentro de un contexto cósmico, dónde se incluye el proceso de génesis de la vida y su evolución filogenética y ontogenética. Un modelo integrado y pulsante, dónde los cofactores de naturaleza química del cuerpo son estimulados mediante vivencias específicas, interactuando con un grupo humano en un “espacio sagrado”, íntimo y cuidado, despertando los potenciales adormecidos que atesoramos en nuestra memoria genética, para que se expresen y manifiesten progresivamente.

Rolando Toro impulsó la expansión internacional del Sistema Biodanza con sus colaboradores y facilitadores a través de una labor ardua, sistemática y sensible. En 1974 llegó a Buenos Aires, donde propuso la Biodanza como acompañamiento emocional para mujeres mastectomizadas en LALCEC. En Brasil (1976) fundó un instituto privado que permitió la difusión del sistema por América Latina, trabajando también con pacientes psiquiátricos en el Hospital Juqueri. Posteriormente se trasladó a Italia (1989–1997), y aplicó la Biodanza en personas con Parkinson y Alzheimer.

Supervisó el nacimiento de las primeras escuelas en Europa centralizando la coordinación a través de la creación de la International Biodanza Federation (IBFed). La Federación Mundial de las Asociaciones Nacionales de Escuelas de Biodanza Sistema Rolando Toro, organismo que otorga los certificados a los profesores de biodanza egresados de las escuelas de todo el mundo. En 1998 regresó a Chile, desde donde dirigió el movimiento internacional de biodanza.

Fue reconocido como Profesor Emérito en Argentina y Perú, recibiendo además el Doctor Honoris Causa en Brasil, por su contribución en educación biocéntrica. En 2001 fue postulado como candidato al Premio Nobel de la Paz por su labor en Educación Biocéntrica.

Fue también un sensible poeta quién publicó 7 libros de poesía y un libro donde sistematiza la propuesta teórica de la Biodanza. Falleció en 2010, a los 85 años, en Santiago de Chile.

BENEFICIOS DE LA BIODANZA DESDE MI PROPIA EXPERIENCIA.

Aunque el Sistema Biodanza no fue creado como una herramienta terapéutica, sus efectos en la vida de quienes la practicamos son profundamente terapéuticos y restauradores.

Un quiebre en mi salud física y emocional, por un diagnóstico complicado y severo de fatiga crónica y fibromialgia, me llevó a replantearme profundamente un cambio en mi estilo de vida. Consciente de este quiebre, de esta desconexión abismal entre mi autentico ser y la expresión de mis emociones, entre la consciencia de mi cuerpo y del ser que me habita. Emprendí un viaje de autoconocimiento, de conexión con la vida que voy eligiendo, y con mis auténticas formas de ser, estar y expresar mi estado existencial.

Me hice acompañar por profesionales de la psicología, la medicina alternativa y el fortalecimiento espiritual, junto a otros espacios alternativos de cuidado y atención que estimulaban en mí el autocuidado, el descanso, la serenidad, el silencio, la alimentación sana, el ejercicio físico y el desarrollo de mi potencial humano infinito.

Llegué a la biodanza por recomendación de mi psicoterapeuta, quien me ofreció esta práctica como una vía para reestablecer mi salud física, mental, emocional y espiritual, a través del movimiento pleno de sentido de mi cuerpo en conexión con lo que siento, con lo que pienso y lo que hago. Dancé semanalmente durante 14 años consecutivos. Dentro de este mismo período estudié, me recibí de profesora de biodanza, y facilité grupos en Venezuela hasta que emigré a la Argentina. 

La biodanza me ofreció una matriz grupal que favoreció la posibilidad de redescubrir la identidad como un aspecto dinámico del SER, en constante cambio, que se devela a cada instante gracias a la presencia de un otro, y del grupo que acompaña. Esta matriz grupal es un lugar seguro, de presencia, cercanía y confianza, donde experimenté contención emocional afectiva, reconocimiento de mi propio ritmo de vida y de la capacidad de autorregularme, donde tuve vivencias reparentalizadoras que me llevaron a recuperar mi salud y bienestar integral.

Entendí que me he estado formando gradualmente como facilitadora de vida, una profesional que cuida, protege y promueve la conexión con la vida que nos habita, y resalta la urgencia de expresarla a plenitud a través del contacto, la voz y el movimiento corporal pleno de sentido.

Beneficios que obtuve desde la práctica semanal de biodanza:

1.- Restablecí la conexión con mi cuerpo, con su estructura, sus funciones, y sus reacciones instintivas en cada vivencia, desarrollando la capacidad de escuchar y sentir lo que el cuerpo expresa.

2.- Evidencié el efecto de las secreciones hormonales (Límbico hipotalámica) y su impacto en los estados de salud y bienestar integral. Esto me hizo conectar conscientemente con el autocuidado, activando la brújula interior de la autorregulación, atendiendo las necesidades orgánicas básicas como el descanso, la recreación, la relajación, haciendo contacto con mi propio ritmo, para seguir cuidando mi equilibrio emocional, orgánico y fisiológico.

3.- El encuentro humano en biodanza me abrió una nueva forma de relacionarme. Ejercité la reeducación afectiva, y aprendí a vincularme conmigo y con los otros desde un lugar más amigable, afectivo, tierno, compasivo, empático y libre de juicios, reconociendo y poniendo limite a la manifestación de viejos patrones, creencias y emociones, que impedían la expresión genuina de mi ser, y desde ese lugar, aprendí a colocar límites en los vínculos, relaciones, situaciones, y circunstancias toxicas que me lastimaban y no contribuían con mi desarrollo humano, con mi bienestar, ni con mi salud física, mental, emocional y espiritual. Las nuevas formas de establecer mis relaciones interpersonales me ayudaron a explorar mi mundo interior y a valorar mi verdadera identidad. En los otros me veía constantemente reflejada, y cada uno/a se convertía en un estímulo para seguir percibiendo mis atributos, mis cualidades y mis potenciales.

4.- Aprendí a gestionar mis emociones y a fortalecer la manera de vincularme con los otros. La Música me ayudó a deflagrar y a reconocer cada emoción que aparecía en las vivencias. Este estímulo externo me permitió expresar mi movimiento pleno de sentido. También aprendí a relacionarme desde el cuerpo y el corazón, honrando la presencia del otro, desde el amor diferenciado e indiferenciado, integrando el pensar y el sentir para entrar en coherencia con el vivir y actuar conscientemente.

5.- Entré en un profundo contacto con mis potenciales afectivos y de comunicación sincera y autentica (conmigo, con los otros y con la naturaleza viva de la que somos parte), experimentando una sensación de agradecimiento por el goce de vivir con una exquisita expansión de consciencia de la existencia humana, Visibilizando lo trascendente, lo armonioso, lo intuitivo y coherente del Ser Humano, en una relación con el mundo de las posibilidades donde “lo imposible puede suceder”. Así lo expresaba Rolando Toro Araneda en la Carta que le envía a su esposa Pilar Acuña en el año 1952:

“He pensado en una ciencia rítmica que ordene musicalmente los movimientos naturales del cuerpo y sobre todo los “actos”, de modo que bajo las formas nobles y espirituales distribuya el tiempo la intensidad y la fuerza. Algo así como provocar la musicalidad del ser.”


Te invito a vivir la experiencia de expresarte y reconocerte, a través del movimiento pleno de sentido de tu cuerpo y de tu voz, que te ofrece la práctica de BIODANZA.

Autora: Lic. Clr. Thais Parra

Profesora de Biodanza: MASOL 1604

Contactos: thaisprofesionaldelaescucha@gmail.com

+54 9 1133242745

@thaismilagrosparra

Comentarios

  1. Gracias por el artículo. Siempre es gratificante recordar los beneficios de biodanza.

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